viernes, 1 de agosto de 2014

SAGA de VAUGHAN y STAPLES, UN CULEBRÓN INTERGALÁCTICO

Saga de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, edita Planeta Deagostini comic culebrón intergalactico
Planeta DeAgostini, 2014.
152 pág. 16,95 €

UNA FAMILIA DEMASIADO MODERNA


El guionista de Y: el último hombre y Runaways vuelve con un culebrón intergaláctico cargado de personajes pintorescos y disparatadas interacciones familiares.


Ya se ha publicado el tercer volumen de Saga y lo cierto es que puede considerarse un gran divertimento. No podemos saber cómo acabará la cosa ya que el relato parece apoyarse en una estructura abierta, en una numerosa constelación de personajes que permitirían estirar la serie hasta la extenuación. Como pasa en muchos mangas o en casi cualquier otra saga de largo recorrido en todo momento puede darse un bajón. Pero hasta ahora Vaughan y su nueva socia consiguen que su tebeo funcione como un artefacto narrativo bien engrasado.

Las bases son tan sencillas como universales. Empieza con el parto de un bebé. El problema es que el padre tiene cuernos (no metafóricos) y la madre alas y sus respectivas razas llevan siglos enfrentadas en una guerra sin cuartel. A esa estructura a lo Romeo y Julieta Vaughan le va sumando condimentos que dan sabor a su plato. Por un lado mezcla componentes tecnológicos, como la raza robótica con cabezas de televisor, que contrasta con objetos mágicos o menos civilizados, como el árbol-cohete en que huyen los sufridos protagonistas. También incluye una niñera fantasma sin piernas y detalles que humanizan a sus personajes más fríos, como la pornografía que asoma en las pantallas de sus aristócratas semi-humanos. Aunque el autor insiste en que los aspectos genealógicos le interesan y están en los fundamentos de una historia que hace honor a su título, la presencia de abuelos, abuelas, suegros y nietos no debe hacernos pensar que estamos ante un tebeo familiar. Vaughan aglutina con mucha gracia esos detalles con sonoras escenas sexuales. No es que nos topemos constantemente con secuencias de sexo explícito pero sí es cierto que constituyen un divertido contrapunto de otros pasajes más sensibleros.


Saga de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, edita Planeta Deagostini comic culebrón intergaláctico
Hay algo muy valorable en el trabajo del guionista, como es su decidida voluntad de sorprender al lector. Para que no sintamos que estamos en terrenos conocidos, introduce constantes giros en el argumento, sus personajes se comportan de manera inesperada o salta bruscamente de un tono narrativo dramático a otro más humorístico. Todo lo que suponga un contraste parece interesarle y nos brinda una buena batería de registros diferentes, que animan mucho el relato.

Tenemos, pues, a dos jóvenes padres que intentan escapar con su hijo recién nacido, de hecho el narrador desde el presente de todo lo que ocurre, mientras fuerzas enfrentadas intentan liquidarlos: un asesino de aspecto frío y calmado, enamorado locamente de una competidora en el mismo trabajo, una suerte de araña sexy de terrorífico aspecto; también una ex-novia del cornudo, tan distante como letal; el ya mentado aristócrata con cabeza de televisión… Una de las razones por las que desean eliminarlos es que predican un no a la guerra universal. Llegan a la conclusión de que la lucha eterna en la que están enzarzados sus pueblos no sirve para nada y que follar es mejor que pelearse. Como ven, un mensaje tan juvenil como clásico: all you need is love! Una de sus fuentes de inspiración es un misterioso escritor que vive escondido en una galaxia muy, muy lejana, un personaje estrambótico que podría estar sacado de una novela de Vonegut o K. Dick.

En fin, si suman a todo esto que los diálogos son chispeantes y el dibujo mejor de lo que parece, adecuadamente narrativo y centrado en las actuaciones de los personajes, ya supondrán que el balance general es muy positivo. Un gran entretenimiento que voy a seguir con interés.


PD. Como cada año durante la Comic Con de San Diego se otorgan los Premios Eisner, y Saga ha sido galardonada con tres de ellos: Best Continuing Series, Best Writer y Best Painter/Multimedia Artist. Una apuesta segura.
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viernes, 25 de julio de 2014

HISTORIAS INCONFESABLES de OVIDIE & D'AVIAU, POLVOS CHIC

Historias Inconfesables de Ovidie y D'aviau, edita Kiss Comix, polvos chic
Kiss Comix, 2014.
106 pág. 17,50 €

UN VERANO ETERNO


Ahora que ya estamos en pleno verano les recomiendo que le echen un vistazo a estas Historias. Un dibujante en estado de gracia para unos argumentos que demuestran que se puede ser procaz sin perder elegancia.


Como buenos franceses, los autores se mueven en este género como peces en el agua. O quizás una metáfora más ajustada sería como un racimo de bolas chinas en un culo. Porque de eso se trata. La masiva presencia de pornografía en internet, tanto profesional como amateur, no parece haber menguado la producción de tebeos guarros. Lo que yo supongo es que ahora sus creadores lo tienen más difícil. En los tiempos en que nos deleitábamos con las obras de Levis o Magnus, apenas había una competencia visual seria, ni nuestra mirada se había acostumbrado tanto al crudo realismo del sexo sin excusas. Ahora ya casi nada sorprende y el aburrimiento nos invade cuando asistimos a la enésima repetición de los mismos actos. Por eso entiendo que es un verdadero desafío técnico, por no decir estético o artístico, esbozar excusas argumentales y elegir puntos de vista que presenten como nueva la actividad más antigua de la humanidad.


Historias Inconfesables de Ovidie y D'aviau, edita Kiss Comix - comic sexo
Su guionista, Ovidie, parece saber de qué está hablando. Tiene un currículum que excitaría a cualquier becario. Actriz porno y más tarde también realizadora, ha escrito varios libros sobre esta experiencia y el volumen que firma con el dibujante D’Aviau es su primera incursión en la historieta. No podía contar con mejor cómplice. Sus relatos recorren varios escenarios clásicos en el imaginario sexual, del tren al autobús, de lo público a los escarceos inesperados en el ámbito de lo privado, con el hijo de la amiga, el cuñado o lo que caiga. También, por supuesto, se repasan diferentes prácticas y costumbres sexuales hasta completar un recorrido de lo más sugerente. Si sus argumentos son más ingeniosos de lo habitual en este género, su compañero consigue estar a la altura con un trazo limpio y preciso, tan sensual como bien planificado. Como ya he comentado en otros casos, este tipo de tebeo ha de ser funcional. O pone y por tanto alcanza sus objetivos, o no pone y por tanto puede ser muy bonito pero fracasa. Historias inconfesables pone y mucho, así que en ese sentido debe considerarse un éxito.

Por cierto que ya conocíamos a su talentoso dibujante de una colaboración anterior y muy cercana, Nueve preguntas. En aquella obra colectiva en la que diferentes ilustradores respondían a cuestiones vitales, yo destacaba la colaboración del argentino Tatúm, con una tronchante página con Bettie Page como protagonista. La plancha viene recogida en el interesante catálogo que el IEB ha producido con motivo de la exposición del mismo nombre, Mar de fondo (10€).

La muestra recoge el trabajo de los dibujantes mallorquines más veteranos, pudo verse en Barcelona y pronto iniciará su periplo por las islas. Es una buena oportunidad para repasar las trayectorias de una generación que cambió el rumbo de la historieta española y que todavía hoy busca su espacio específico entre el cómic, la ilustración y el arte. La cuestión es que entre maravillosas páginas de Seguí, Max o Pere Joan, entre otros, de nuevo me quedo con una de Tatúm. No será ni la mejor ni la que cuenta con un dibujo más delicado, pero cada vez que la leo me mondo. Hablo de la del beso. Si le han echado un vistazo al catálogo ya sabrán a qué me refiero y recordarán su perfecta punch line: “¡También sé follar!”. ¡Qué grande!
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jueves, 17 de julio de 2014

LA CANCIÓN DE APOLO de TEZUKA, UNA REFLEXIÓN SOBRE EL SEXO

Portada de "La canción de Apolo" de Osam Tezuka, edita ECC comic, reflexión sobre el sexo y el amor
ECC, 2014.
544 pág. 25 €

SEXO CON MÁQUINAS


El legado de Tezuka es sobrecogedor. No sólo por su volumen, por la ingente cantidad de páginas que firmó. También por su calidad y atrevimiento.


Mientras la publicación de Fénix sigue en marcha, ya hemos disfrutado con la lectura de muchas de sus largas sagas como Buda, Adolf o Black Jack. También con sus relatos cortos, aquellos que sólo cuentan con cientos de planchas, en lugar de miles. Su abrumadora capacidad de trabajo sólo puede compararse con su desbordante imaginación, como esta nueva entrega vuelve a demostrar. En el epílogo el propio autor nos explica que la trama se deriva de un tema de moda en los sesenta, la educación sexual de los niños. A ello unió un contexto social marcado por la violencia estudiantil y sus propios problemas personales. Según explica esa acumulación provocó que el ambiente del manga fuese más oscuro del que tenía pensado inicialmente.

No creo que los seguidores de Tezuka noten grandes diferencias respecto a otras obras suyas. Como en el pasado, vuelve a mezclar lo humorístico con lo dramático, la desesperanza absoluta con los mayores cantos a la vida y demuestra (¡otra vez!) que puede contarnos como nuevo cualquier asunto, por manido que sea. Para muestra la primera secuencia, que tal parece sacada de una vieja y popular película de Allen. Pero en manos del maestro esa carrera de los bichitos con cola para conseguir alcanzar a la reina antes que los demás adquiere un giro dramático que marca el tono de la obra. Aunque ya saben que con el japonés nada acaba de ser del todo blanco o negro. La canción de Apolo es una gran reflexión sobre el sexo, que es tanto como decir sobre el amor y la vida. Para empezar, parte de su opuesto, ese impulso de muerte que domina las pulsiones del protagonista, empeñado en cargarse a todo bicho viviente al que pilla pensando en echar un polvete. Castigado por la diosa del amor, ese desdichado se ve obligado a pasar por una rueda de reencarnaciones a través de la cual debe descubrir el amor. Una excusa perfecta para que Tezuka encadene historias de romances a cual más imposible. En todas ellas las pasiones son explosivas y la desaparición siempre acecha y amenaza con desmoronar los escasos momentos de sosiego del dudoso héroe.


Portada de "La canción de Apolo" de Osam Tezuka, edita ECC comic, reflexión sobre el sexo y el amor
El autor alterna secuencias aparentemente oníricas con pasajes en un psiquiátrico donde se recupera el protagonista. Aunque pronto nos damos cuenta de que en este universo la diferencia entre lo real y lo imaginario es quebradiza. Hay dos relatos más largos, el del entrenamiento para la maratón y el del mundo robot. Astro Boy es posiblemente la creación de Tezuka más popular, un niño-robot que se enraíza en la larga tradición de seres sintéticos de Japón. Hasta hoy mismo han reflexionado sobre las extrañas relaciones entre lo natural y lo artificial, y todas sus posibles y bizarras combinaciones. Aquí se nos habla de una reina robot que siente curiosidad por la reproducción humana. Así que ni corta ni perezosa se pone a practicarla con su esclavo. Uno de los problemas es que ella no tiene genitales. Otro que él debe matarla para devolver el poder a los de su especie. Así que la liquida sistemáticamente… una y otra vez. Desafortunadamente, las máquinas se encargan de clonar a su reina e incluso le añaden las partes que le faltaban. Por si todo esto no les parece lo bastante disparatado les aseguro que hay mucho más.

Tezuka suele mantener posiciones muy científicas, muy objetivas, en su mirada hacia la humanidad. Somos parte de la naturaleza y nos comportamos como otros animales más, lo que incluye nuestro deseo de reproducirnos a cualquier precio. Pero curiosamente es capaz de conciliar esa visión con enfoques tremendamente románticos, donde los amantes siempre encuentran la forma de unirse, incluso a costa de su propia destrucción. Es terrible, es maravilloso.
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viernes, 11 de julio de 2014

ROBERT CRUMB. ENTREVISTAS Y CÓMICS

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Gallo Nero Ediciones, 2014. 
336 pág. 24 € 

CRUMB NO SE RINDE


Los seguidores de Crumb sin duda disfrutarán con esta recopilación de entrevistas que el autor concedió a la revista especializada The Comics Journal entre 1984 y 1995.


Guste o no su trabajo, el volumen no decepciona por razones diversas. En principio, por lo que tiene de testimonio de una época. El dibujante vivió la explosión hippie de los sesenta y sorprenden sus historias de San Francisco, sus relaciones con el LSD o sus constantes viajes de un lado a otro del país. Llama la atención cuando declara que nunca compró drogas, que simplemente “corrían por ahí”, lo barato que resultaba vivir en el Oeste o cómo sobrevivió, antes de empezar a sacar pasta con sus dibujos, gracias a la asistencia social. Por supuesto, otros recuerdos más personales son igualmente llamativos e interesantes. Como cuando habla de sus hermanos, a quienes descubrimos en el documental de Terry Zwigoff, pero cuyas rarezas el propio Crumb confirma que son muy superiores a lo que podíamos sospechar. Explica que uno de ellos se limpiaba los intestinos introduciendo una larga ristra de tela por la boca y sacándosela por el ano. Había momentos en que la tela ya asomaba por abajo cuando todavía podía verse colgando por arriba. Como además mendigaba por la calle, en ocasiones algunos graciosos se dedicaban a tirarle dolorosamente del extremo superior. También llaman la atención las menciones a su hijo mayor. Así como Sophie, la niña que tuvo con su segunda y actual esposa Aline Kominsky, ha aparecido en numerosas historietas y dibujos suyos, apenas teníamos noticias de Jesse, su primer vástago. El autor explica con claridad la distancia que siente hacia él y cómo eso le impidió utilizarlo en ninguna historieta. Los pasajes que dedica a su hijo son entrañables y dolorosos.

La parte más delirante es cuando habla de política, donde llega a afirmar que los “chinos han hecho unas cuantas cosas bien”, al tiempo que critica la “centralidad” de la Unión Soviética. Menos incoherente se muestra cuando critica a los ciudadanos de USA, a los que dedica una serie de diatribas cargadas de mala leche, desde la comodidad de su retiro francés. Tiene algunas buenas palabras para los europeos, aunque acaba reconociendo que aquí, como en los Estados Unidos, “todo está lleno de idiotas”. Muy divertida es su experiencia colaborando con una revista alternativa. Aunque aboga por la vida en comuna, reconoce que no soporta estar rodeado de “monjas y curas” que le dicen a cada momento cómo debe comportarse y qué debe dibujar y hacer.

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Sorprendentemente, es más lúcido todo lo que explica en relación con las mujeres. Quizás porque lleva más años en lucha con las feministas, que han criticado con ferocidad las aristas más salvajes de su trabajo. Reconoce su misoginia para, a continuación, afirmar que “también odio a los hombres y a los negros”. En fin, Crumb es un humorista a quien no le preocupa exagerar. Y lo hace constantemente. Lo que intenta es ser sincero consigo mismo. Es muy interesante cuando explica la pauta que reconoce en muchas mujeres a las que descubre atraídas por tipos malos, poderosos. Y agradece que su pequeña fama como dibujante underground le permitiera acercarse a chicas con las que antes no se atrevía ni a soñar. Así puede, según confiesa, descargar gran parte de las frustraciones y la ira que tenía acumuladas contra todas las tías que ni siquiera le habían dirigido la mirada en el Instituto. En fin, la eterna lucha de sexos, que el creador intenta zafar de la esfera política para devolverla al terreno de lo personal.

En ese sentido es curiosa su visita a la Mansión Playboy, adonde acudió acompañando a su mentor Harvey Kurtzman. Crumb nunca ha negado su deuda con él, que le concedió algunas de sus primeras oportunidades laborales y le aconsejó profesionalmente. Pero se muestra muy crítico hacia la fascinación que el maestro sentía por Hefner y el universo Playboy. Kurtzman debía sufrir las constantes correcciones del director, que le pagaba muy bien por producir la serie cómica Little Annie Fannie. Para Crumb, Kurtzman se sentía atraído por el lujo y la diversión que rodeaban a Hefner. Él no se lo pasó bien en la Mansión, donde se dedicó a preguntar a las conejitas si no se sentían manipuladas. Según cuenta, se comportó como un auténtico aguafiestas. En fin, Crumb siempre será ese tipo amargado incapaz de ser feliz, pero que consigue reírse de sus desdichas y además divertirnos con ello.
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jueves, 3 de julio de 2014

OTTO EL CAÑON de BLANCO, DIBUJANTE DEL TBO

Otto el cañon de Blanco edita Amaníaco humor TBO comic
Amaníaco, 2014.
64 pág. 19 €

¡APUNTEN!


Blanco, uno de los últimos dibujantes del TBO, sigue en plena forma. Publica ahora una colección de chistes con un insólito protagonista, un cañón.


Primero, debemos agradecer a los chicos de Amaníaco que hayan decidido lanzar este producto extraño y delicado. Pasados los momentos en que un personaje o serie están de moda, el destino de muchos dibujantes es el olvido cuando no directamente la pobreza. Todos conocemos historias de autores que acabaron pintando soldaditos o, si tenían más suerte, marinas en serie para rellenar paredes de hotel. Eso no ha cambiado mucho. Los creadores veteranos mueren y su obra aparece en la basura o es malvendida por sus herederos. Como no hay nada que se parezca a un museo del cómic en condiciones, páginas que ahora podrían ser adquiridas a unos precios razonables están condenadas a perderse o a pasar a manos privadas y quizás dentro de doscientos años algunos afortunados consigan volver a ver alguna. Pero parece poco probable. Cada vez que algún Ayuntamiento discute qué hacer con un edificio que permanece vacío pienso en las escasas instituciones que almacenan y exhiben planchas de cómic. Algo que permitiría obtener unos merecidos ingresos a los creadores y que sin duda tendría un gran interés turístico y cultural. Y que además presenta una diferencia nada despreciable respecto a los museos de pintura tradicional o de arte contemporáneo, donde las ciudades más pequeñas no pueden competir con las grandes. Madrid tiene el Guernica y aquí nos conformaremos con los apuntes con los que se limpiaba el trasero Picasso. En cambio en el mundo del cómic todavía se pueden conseguir piezas interesantes de casi cualquier autor a precios asequibles. Cualquier ciudad de provincias podría montarse el mejor museo de Europa, si empieza a moverse ya. Teniendo en cuenta el tradicional desprecio académico hacia el medio, dudo que tal cosa ocurra.

Catálogo de Blanco en el Casal Solleric, ajuntament de Palma comic
Imagen vía Extraestudio
Así que nos conformaremos con que algunos de los veteranos puedan disfrutar de cierto reconocimiento en su madurez y vean cómo muchos lectores todavía aprecian su talento. En 2011 dedicamos exposición y catálogo a Blanco en el Casal Solleric de Palma. Ahora sus hijos, preocupados por mantener vivo el legado de su padre, estudian nuevas estrategias comerciales entre las que se cuenta retomar la clásica serie de dibujos de Barcelona, realizada tras abandonar el TBO. Esas láminas, como bien pude comprobar al incluir algunas en el catálogo, sufrían mucho al reducirse de tamaño, gran parte de los detalles que les dan sentido no se apreciaban correctamente. Ahora planean imprimirlas sobre unos sorprendentes soportes que nos permitirán disfrutarlas en todo su esplendor pop. Si todo sale bien, estoy seguro de que serán un gran éxito comercial y harán justicia, finalmente, al esfuerzo que Blanco puso en ellas. Y hasta aquí puedo contar sobre un proyecto todavía en pañales.

Otto el cañon de Blanco edita Amaníaco comic TBO humor antibelicista
Lo que ya es una realidad es este volumen, financiado entre la editorial y la familia y con una tirada muy limitada, que agrupa un conjunto de bocetos guardado por Blanco en una carpeta y que nunca se había editado. De hecho, ni siquiera lo mencionó cuando confeccionamos su catálogo. Su temática antibelicista no lo hacía apropiado para el TBO y el autor ni llegó a presentarlo. Pero la idea le gustaba y continuó construyendo chistes sobre Otto, un cañón al que no le gusta disparar. Esto fue a mediados de los sesenta. Muchos años más tarde, exactamente en 2013, los dibujos reaparecen y se le ocurre que puede retomar el proyecto. Ahora han sido reunidos en una cuidada edición, con un color de acuarela muy discreto y conservando el trazo fresco y sin complejos de los primeros esbozos. ¿Qué puedo añadir? Se lee muy bien, si no tienen problemas con la ingenuidad y la ternura que siempre caracterizaron al mejor TBO. No en vano Blanco fue uno de sus mayores puntales. Todo es sencillo y directo, agradablemente naif. Y a los freudianos les encantará especular sobre el valor simbólico de ese cañón que a veces está muy tieso pero que también se ablanda y se queda fláccido, dependiendo de las situaciones y de su estado de ánimo. Nunca se fíen del humor aparentemente sin aristas.
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viernes, 27 de junio de 2014

COMICS OBJETO: CHRIS WARE & JOE SACCO

Han llegado a las librerías dos comics con tamaños poco habituales que demuestran la capacidad del medio para reinventarse y captar así nuevos lectores.


La gran guerra de Joe Sacco, edita Random House - comic bélico historia muda
La gran guerra
Penguin Random House, 2014.
16 págs. 23,90€

En La gran guerra de Joe Sacco sorprende tanto el formato en acordeón como que la historia sea sin palabras, dada su tendencia a llenarlo todo de texto. 


Una única ilustración se despliega ante nosotros de manera apasionante. Un folleto redondea la publicación, con un ensayo histórico y un gráfico que señala los aspectos más interesantes. El dibujo es tan preciso y limpio como narrativo y ronda los siete metros de largo, cuando se abre por completo. Antes de la invención del libro abundan los dibujos sobre largas tiras de papel, más en rollo que plegados. Últimamente estos recursos se han multiplicado debido a la presión de lo digital sobre el mundo editorial tradicional. Algunos creadores como Koudelka ya se han decantado por el acordeón y también ciertas editoriales como Nobrow en la serie Leporello. Es un soporte complicado y se necesita mucho talento para sacarle partido. Sacco lo consigue, firmando una obra memorable.
La gran guerra de Joe Sacco, edita Random House.  Comic Leporello Acordeón


Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House
Fabricar Historias. 
Penguin Random House, 2014.
260 págs. en total. 59,90 €.

El caso de Ware es diferente. Es uno de los grandes referentes del comic de vanguardia, partiendo de unas bases que no disimula: los Sundays de los periódicos de principios del XX. No duplica esos modelos sino que le sirven para recordar que el comic es un medio joven, con muchas posibilidades por desarrollar. 

Como la dirección de lectura de la página, las tipografías, los grafismos y sus mezclas, las funciones de las imágenes y su relación con los textos, etc. Es el niño mimado de la crítica ya que sus experimentos se prestan al comentario erudito y sus acabados son definitivamente impecables. Su línea es mucho más sutil y cuidada de lo que parece; bajo su apariencia fría y vectorial hay una delicadeza formidable. Lo mismo pasa con su color, de gamas armoniosas y perfectas. Otro asunto son sus argumentos, que Mark Schultz resumía así: “La vida es una mierda y al final te mueres”. Un lloriqueo generalizado recorre sus historias, restándoles credibilidad.

Y en eso llegó la caja. Agrupa historietas que Ware había ido sacando desde 2005 en varias revistas, incluyendo el New York Times Magazine. No esperen, como sí ocurría en The Acme Novelty Library, puzzles o láminas para recortar y ensamblar. Tan sólo un conjunto de libros, folletos o pliegos en formatos diversos que desde su disparidad construyen esta aventura gráfica. Pero su especialidad sigue siendo el lado oscuro. La madre ve crecer a su hija en lo que debería ser una secuencia de plenitud y felicidad y no puede evitar rematarla con una pregunta de la niña: “¿Seré lo más importante que hagas en tu vida?”. Las dos viñetas que siguen, con la madre sumida en un silencio deprimente, nos indican que en este universo es imposible escapar a la decepción, la decadencia, el dolor o la soledad. Tanto que casi acaba siendo un chiste. Pero aparecen tímidos rayos de sol en su nublado panorama, aportando complejidad y riqueza, y yo los agradezco. Ware no es el primer autor en fijarse en un edificio, dotándolo de un carácter casi humano. Eisner ya lo hizo en su momento, para luego seguir las peripecias de sus habitantes. Si el planteamiento inicial no es del todo original sí lo es la forma en que el autor lo desarrolla y modula. Hay muchos momentos en que lo seguimos totalmente fascinados por terrenos narrativos nuevos y excitantes, especialmente cuando emplea los formatos más grandes.

Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House

Lo primero que nos topamos al abrir la caja es un librito en tapa dura titulado 23 de septiembre, 2000. De proporciones casi cuadradas, contiene vistas generales del edificio y las primeras informaciones sobre sus ocupantes. La letra es ridículamente pequeña, irritante, un vicio que mantiene de anteriores trabajos. Habla de gente que vive sola o mal acompañada: la casera, la pareja que discute, la lisiada… Sorprendentemente cierra el volumen con algo que casi parece un final feliz.

Branford es un folleto grapado de formato más pequeño con las aventuras de una abeja, una digresión humorística que también es característica del autor. Es más bien repetitivo y sin mucha gracia, con un color agradable. Después viene otro folleto grapado con historias autoconclusivas de la casera y textos más legibles. Deprimentes pero bien contadas y a veces a doble plancha, su color es excelente y acompaña bien a la narración. Emplea el mismo formato en el siguiente, dedicado a la pareja del segundo piso. Es muy triste, con un final incomprensible como de ciencia ficción. La chica del tercero protagoniza varias partes en formato tira. La primera va grapada y describe su vida y la de su hija en un relato bonito pero melancólico. Los personajes se sitúan de espaldas al lector, mirando hacia otro lado. También usa mucho la representación isométrica, una mirada desde las alturas que parece recordarnos nuestra insignificancia. Las otras dos partes van plegadas en cuatro cuerpos impresos por ambas caras, manteniendo el formato apaisado. Se estructuran como bucles, fragmentando el tiempo y enlazando situaciones. En una de ellas la lisiada sale a la calle en plena nevada y se pregunta dónde encuentra la gente la felicidad. Es lo que hay.

Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House comic
En otro libro de tapa dura y lomo entelado agrupa relatos de la chica antes de casarse, algunos realmente buenos como cuando trabaja en casa de un matrimonio un poco especial. Alterna secuencias del presente en página izquierda, muy rutinarias y melancólicas, con recuerdos del pasado en la derecha. Habla de una enciclopedia anatómica con acetatos y luego emplea un recurso similar con un dibujo completo de la chica, que va desnudando por capas. También nos habla del edificio a lo largo de la historia. La relación con el novio modelo es triste y la parte del aborto resulta conmovedora. Ware sigue siendo capaz de inventar nuevos recursos en cada página, pero de una forma cada vez más ajustada a lo narrado. “Desconecta” es una publicación grapada que nos cuenta la vida de casada de la chica coja. Emplea algunas viñetas a plancha completa y el texto tiene un tamaño decente. Dedica una larga parte a hablarnos del fin del mundo.

The Daily Bee incluye más aventuras de Branford la abeja, sin gracia. En una suerte de poster plegado nos habla de un novio del instituto por un lado y reflexiona sobre cómo nos vemos en el otro, todo muy bien dibujado. Mantiene el tamaño grande en lo siguiente, cuatro páginas sobre una plancha tipo sábana, doblada por la mitad. En su interior hay una impresionante doble página con un dibujo enorme de la lisiada de niña. Empieza con la muerte por cáncer de su padre, sigue con su vida, la de su casa y su felicidad actual. Más o menos. En “dios…” varios pliegos conforman una publicación con la experiencia de la chica en un barrio residencial donde se levantan varios edificios de Wright. El tamaño gigante es un poco incómodo pero chulo. Los dibujos son realmente espectaculares y los textos se leen bien. Al final consigue emocionarnos con la muerte de un gato.

Por último encontramos una especie de tablero de juego de base rígida que se despliega en cuatro cuerpos, azul y blanco por un lado y a todo color por el otro. Cada pala cuenta la vida de un inquilino. Atractivo pero muy jeroglífico, cuesta seguir las explicaciones. Hay muchas partes de la obra en que el autor parece más preocupado por su pirotecnia gráfica que por la narración. Pero también es cierto que en sus páginas encontramos mucha verdad, que sus personajes nos conmueven, que tiene un talento innegable y que su mundo es subyugante y personal. Atrévanse a probarlo.
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viernes, 20 de junio de 2014

HE VISTO BALLENAS de ISUSI, NOVELA GRÁFICA SOBRE TERRORISMO

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Astiberri, 2014.
168 pág. 18 €

LA ESCENA DEL CINE


Javier de Isusi firma una novela gráfica sobre el terrorismo vasco. Un etarra y un mercenario del GAL se encuentran en una cárcel francesa…


Mientras, en el exterior se nos muestra la vida del hijo de una víctima de la banda, un cura que fue amigo en su juventud del terrorista ahora detenido. Esta obra, como el reciente trabajo de Hernández Cava y Seguí, se interna por sendas difíciles de transitar y describir. Isusi no tiene la habilidad gráfica del dibujante mallorquín ni emplea tan bien el color como él. Sus tonos se limitan a dos, el negro y el amarillo. Es un narrador correcto aunque su línea parece débil en ocasiones. También exhibe ciertas tentaciones artísticas, que le llevan a un final pretencioso y prescindible y a introducir algunas secuencias oníricas que no aportan gran cosa. Pero cuando refrena su tendencia a la evanescencia el relato funciona.

En general, maneja bien las distancias cortas de la historia. El drama entre el cura y su hermana, una profesora de religión a la que despiden por quedarse embarazada sin estar casada, es enternecedor y está bien explicado, sin subrayados innecesarios. La relación entre el etarra y el miembro del GAL es creíble y alcanza un momento culminante cuando ambos repasan sus logros en la vida y los motivos que los han llevado a la cárcel. Luego desarrolla bien la amistad entre el mercenario y otro de los presos. Por último, el retrato del hijo del etarra, cabreado y al tiempo deseando seguir con su vida, también es realista y está bien construido. Esa capacidad para contar bien lo cotidiano, para expresar los sentimientos y las dudas de un conjunto de personajes realmente diverso, consigue que esta novela gráfica se lea en general con facilidad y agrado.

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Los problemas aumentan cuando nos acercamos al “Tema” con mayúsculas. Toda la obra es un bienintencionado canto a la reconciliación, al perdón. Yo titulaba “Sin perdón” el artículo que dediqué a Las oscuras manos del olvido, el memorable trabajo de Cava y Seguí. Considero que todo el asunto del perdón es algo que atañe a las víctimas, de forma individual. Pero una democracia no puede disculpar los atajos criminales. La violencia no es una herramienta política, no puede serlo nunca en una sociedad que tiene otros cauces para dirimir las diferencias, como la nuestra. Por tanto, los asesinos deben purgar sus crímenes y los asesinatos que permanecen sin resolver deben ser investigados.

He visto ballenas, en cambio, explora el camino opuesto. ¿Pueden verdugos y víctimas volver a vivir juntos? Admitida esa tesis, queda comprobar con qué argumentos se defiende. Hay un diálogo muy irritante entre varios presos en el patio de la cárcel, donde se sostiene que el terrorista lo es hasta que alcanza sus objetivos. Entonces pasa a convertirse en un respetable político. Volvemos a la lógica revolucionaria. Sólo comienza a tener sentido cuando nos enfrentamos a un poder absoluto, a un sistema corrupto y despótico. Pero dudo que tal descripción pueda aplicarse al gobierno español, con todos sus defectos. Después hay una comparación muy tramposa entre la obediencia a la iglesia y la subordinación a la banda. Al igual que el cura protagonista repudia a su hermana porque así se lo ordenan sus superiores, los pistoleros mataban siguiendo instrucciones de una organización más sabia que ellos mismos. La gravedad de uno y otro caso no parecen comparables, pero es que además se oculta otro hecho: la habitual complicidad entre una buena parte del clero vasco y los etarras, hasta el punto de que los funerales de las víctimas se realizaban casi a escondidas, como sí nos recuerdan Cava y Seguí. Por último, el argumento que da título a la novela, la ballena como metáfora de la utopía. Cura y etarra comparten un ideal, una fe. Sus errores son siempre bienintencionados y por tanto disculpables. Lo peor de esto último es que además contradice la secuencia que he mencionado antes, cuando el preso del GAL aclara al vasco que sus ideales no le hacen menos asesino que a él.

En fin, sobre todo echo en falta, en una obra que parece querer ofrecer distintos puntos de vista, la “escena del cine”. Todo aquel que haya visto la magistral En el nombre del padre recordará cómo el personaje de Daniel Day-Lewis, injustamente encarcelado como miembro del IRA que no es, empieza a admirar a uno de los capos terroristas. Desoyendo los avisos de su padre, se deja fascinar por las palabras y acciones de ese tipo que no parece achicarse ante nada. Hasta que decide atacar a uno de los carceleros. Durante la proyección de una película, lo rocía con gasolina y le prende fuego en una escena salvaje y definitoria. Esa visualización del mal es lo que falta aquí, afectando a la narración, a su funcionamiento en imágenes. Pero también al discurso general de la obra. Sí, se supone que los etarras son muy malos, pero hay otros que también han cometido errores… ¡Qué peligro!
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viernes, 13 de junio de 2014

¡CADÁVER EN EL IMJIN! de KURTZMAN y otros dibujantes - DE LOS GRANDES DE LA EC

¡Cadáver en el Imjin! y otras historias bélicas de Harvey Kurtzman, de Norma Editorial  comic bélico hazañas bélicas Iwo Jima Editorial ED Dibujo
Norma Editorial, 2014.
228 pág. 25 €

UN CADÁVER EXQUISITO


Aunque Harvey Kurtzman no es un desconocido en nuestro país, no goza de la popularidad que se merece. Así que cualquier recuperación de su trabajo es bienvenida.
Kurtzman es uno de los grandes, miembro de esa segunda hornada de genios donde sobresalen apellidos judíos como Eisner, Kirby o Kubert. El presente volumen agrupa parte de lo mejor de su producción, la realizada para la mítica editorial EC. 


Ya tuvo una edición previa en España, a cargo de Planeta, pero en un tamaño tan pequeño que apenas nos permitía disfrutar de su arte. Ésta no alcanza la calidad ni el formato de los tomos en B/N que Cochram publicó en los ochenta, pero los dibujos pueden apreciarse mejor y además el libro viene bien cargado de entrevistas y jugosas reseñas.

Las historietas se dividen en dos grandes grupos: aquellas completamente realizadas por Kurtzman y otras en las que sólo trabajó como guionista. Lo de “sólo” es un decir ya que como es sabido el autor era un obseso del control, sus escritos iban acompañados de precisos bocetos que los ilustradores debían seguir casi al pie de la letra si no querían arriesgarse a desatar las iras del escritor o, simplemente, no volver a ser contratados en una editorial que tenía fama de ser la más generosa del mercado con sus colaboradores. Las historietas de guerra de la EC fueron las primeras en reflejar los conflictos bélicos de forma realista, no mitificada. Como uno de los artículos enfatiza, eso no significa que Kurtzman fuera un pacifista o se opusiera a la guerra en general. En sus relatos no se cuestiona la participación en la guerra de Corea, que estaba en marcha mientras estos tebeos se editaban. Lo que hacía era fijarse en el soldado de a pie, en sus miserias y sufrimientos y en el dolor absurdo que todo enfrentamiento armado conlleva. Y, lo que es más sorprendente, prestando atención a los dos bandos. En los episodios que dedicó a Iwo Jiwa, como muchos años más tarde Clint Eastwood hará en el cine, se describe con crudeza la desesperación de los soldados japoneses condenados a una muerte segura.

¡Cadáver en el Imjin! y otras historias bélicas de Harvey Kurtzman, de Norma Editorial  comic bélico hazañas bélicas Iwo Jima Editorial ED Dibujo
Basta repasar historietas como la que da título al volumen, “¡Cadáver en el Imjin!” para comprobar que estamos ante una obra mayor, el trabajo de un maestro. A Kurtzman siempre le preocupó el equilibrio entre los elementos gráficos (dibujo, pero también onomatopeyas y contenedores de texto) y textuales así que, si su grafismo viene cargado de energía y curvas cinéticas y rematado por expresivos contrastes de B/N donde sobre todo llaman la atención sus brutales pinceladas, en los textos nos topamos con una precisión rítmica que evidencia sus intenciones poéticas. Más tarde se haría famoso por sus parodias en revistas como Mad, Help o Humbug y con personajes como Little Annie Fanny, pero en esta primera etapa en EC ante todo busca emocionarnos con relatos donde el individuo lucha contra la adversidad y parece presa de un destino siempre absurdo. Los protagonistas afrontan esa fatalidad con estoicismo y aunque la mirada de Kurtzman es compasiva estamos en los cincuenta y aquí nadie lloriquea.

Cuando el dibujante pasa a desempeñar tareas de editor dejando el trabajo de terminar sus bocetos a otros creadores, pasan cosas curiosas. Primero se forma el grupo de los grandes, aquellos que colaboran con él de forma estable, tipos minuciosos y capaces de superarle en el terreno de la obsesión documental y el gusto por el detalle, gigantes como Wood, Davis, Elder o Severin. A su lado encontramos a los otros, dibujantes extraordinarios que por una u otra razón no terminaron de encajar con Kurtzman. Entre ellos hay verdaderos genios de la talla de Toth, Kubert, Colan o Heath. Aunque curiosamente están muy bien representados en este recopilatorio, en muchos casos apenas ilustraron un par de episodios del exigente guionista. En algunas de las entrevistas que se incluyen, el escritor y editor se queja de ciertas manías de Kubert o Toth, a los que reconoce como extraordinarios ilustradores, pero que en ocasiones anteponían sus manías estéticas a la narración. Y para Kurtzman eso era un pecado imperdonable.

En fin, un volumen para disfrutar y estudiar y que nos recuerda que después de historietas como éstas las “hazañas bélicas” nunca volvieron a ser lo mismo.
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